Cincuenta olas después, descubrí que una de las lecciones más grandes no era sobre el mundo a mi alrededor, era sobre mí misma. A veces el reflejo más claro de quiénes somos no está en nuestro propio espejo, sino en los ojos de las personas que han caminado en silencio a nuestro lado.
¿Será que realmente me veo como los demás me ven?
Cincuenta olas.
Cuando empecé a escribir, nunca imaginé que llegaría a este momento. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que cada ola ha traído una lección. Algunas me enseñaron a sobrevivir. Otras me enseñaron a soltar, a reconectar, a sanar, a perdonar y a empezar de nuevo.
Esta me enseñó algo diferente. Me enseñó a verme a mí misma.
Hay momentos en que la vida nos pone un espejo enfrente. No el que cuelga de nuestra pared, sino el que se crea a través de las personas que nos rodean: las que observan nuestro camino, son testigos de nuestras luchas, celebran nuestras victorias y a veces ven en nosotros cosas que no somos capaces de ver.
Hace poco, le pedí a un grupo de personas que me conocen —amigos, familia y compañeros de trabajo— que respondieran cinco preguntas sencillas sobre mí.
¿Qué se te viene a la mente cuando piensas en mí?
¿Cuáles son mis fortalezas?
¿Qué te sorprende de mí?
¿Cómo marco la diferencia en la vida de los demás?
¿Y qué oportunidades ves para que crezca, aproveche al máximo mis talentos y me convierta en una mejor persona, más efectiva en mis relaciones y mi liderazgo?
Esperaba respuestas diferentes de diferentes personas. En cambio, seguía escuchando los mismos reflejos.
Me describieron como alguien que conecta personas, alguien que se preocupa profundamente, alguien que va la milla extra. Vieron creatividad, organización, compasión y la disposición de estar para los demás. Vieron a alguien que mira más allá de lo obvio, encuentra soluciones y une a las personas.
Pero entonces llegaron las respuestas que me hicieron pausar.
Confía más en ti misma.
Cuídate más.
Escucha otras perspectivas.
Ve más despacio antes de reaccionar cuando las emociones toman el control.
Sigue compartiendo tus dones, pero no dependas del reconocimiento.
Al principio, esos comentarios se sintieron como consejos separados. Pero mientras más reflexionaba, más me daba cuenta de que todos apuntaban al mismo lugar.
El autocuidado.
No la versión que solemos ver en redes sociales. No simplemente tomar un descanso, hacerse un masaje o sacar tiempo para uno cuando todo lo demás está listo.
El tipo más profundo de autocuidado.
El que pregunta si hemos pasado tanto tiempo cuidando a los demás que nos hemos olvidado de cuidarnos a nosotros mismos.
Cuando miré honestamente mis propios patrones, me di cuenta de que por mucho tiempo quizás traté de ganarme mi lugar siendo útil. Organizando, ayudando, resolviendo problemas, estando presente y yendo más allá de lo esperado.
En algún punto del camino, empecé a creer que si daba lo suficiente, la gente por fin me notaría. Que mi valor se volvería imposible de pasar por alto.
Pero hay otro lado de esa historia.
A veces me esfuerzo demasiado por ser vista. Otras veces, escondo los mismos dones que me hacen quien soy. Espero, dudo y sin darme cuenta, me hago más pequeña.
Es una contradicción extraña: querer ser vista mientras a veces elijo la invisibilidad.
Una persona me animó a seguir mostrándome. Otra me recordó no perseguir el reconocimiento. Mientras más reflexionaba sobre esos dos comentarios, más me daba cuenta de que no eran opuestos.
Estaban diciendo lo mismo.
Comparte tu luz, pero no hagas que tu paz dependa de quién la note.
No todos se van a preocupar como tú lo haces. No todos van a dar lo que tú das. No todos van a caminar la milla extra.
Y está bien.
La meta no es volverse menos generosa. La meta es volverse igual de generosa contigo misma.
Quizás la Ola 50 se trata de descubrir quién soy, no a través de las expectativas que me he puesto, sino a través de los reflejos de las personas que han sido testigos en silencio de mi camino.
Quizás el amor propio no es pensar mejor de nosotros mismos. Quizás es por fin creer que no tenemos que ganarnos nuestro valor. Quizás es aprender a cuidarnos con la misma generosidad que tan fácilmente le ofrecemos a los demás.
—TodayWaves 🌊
Una ola para llevar contigo:
🌊 Si le preguntaras a las personas más cercanas estas mismas preguntas, ¿qué crees que dirían? Y más importante, ¿qué tan diferentes serían sus respuestas de cómo te ves tú?
A veces las personas a nuestro alrededor se vuelven espejos. La verdadera pregunta es: ¿estamos dispuestos a mirar?
Desliza hacia abajo ⬇️, comparte las olas en tus redes sociales y sigue cabalgando la ola un poquito más profundo.


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