🎧 Escucha esta ola
Soltando lo que me hirió para poder recibir lo que me está esperando.
Como pienso es como me siento.
Cuando digo yo soy, estoy dándole una orden a mi mente. Mi mente crea mis emociones, y mis emociones se convierten en parte de mi identidad. Soy yo quien está viviendo esto — no algún día, no en el pasado. Ahora mismo.
Y esto es lo que estoy empezando a ver: cuando recreo el pasado a través de mis recuerdos, en realidad estoy creando versiones nuevas de esas mismas experiencias en el presente. Una y otra vez, vuelvo a ellas, reafirmando quién creo que soy.
Volvemos a los mismos recuerdos, las mismas emociones, las mismas reacciones. Y eso hace que sigamos sintiendo lo mismo, porque ese sentimiento nos es familiar — aunque no nos guste lo que viene con él.
Nos apegamos a una versión antigua de nosotros mismos. Seguimos identificándonos con quienes fuimos, y a veces no avanzamos ni crecemos en la dirección que alguna vez imaginamos.
Y lo sentimos todos los días. Nos quita la energía, nos agota las emociones y puede dejarnos sintiéndonos de alguna manera paralizados. Nos aferramos a esa realidad como si no hubiera suficiente — suficiente tiempo, suficiente amor, suficientes posibilidades.
Pero ¿qué pasaría si pudiera cambiar la manera en que me veo?
Si me observo, me vuelvo consciente de lo que estoy haciendo — y de lo que necesito cambiar. Nada de tomar las mismas decisiones sin cuestionarlas. Nada de quejarme sin actuar. Nada de posponer mientras espero que algo pase.
Necesito cambiar esto.
Ayer empecé a hacer ejercicio.
Hoy miro por la ventana y está oscuro. Mi cuerpo está adolorido por ayer, y el primer instinto llega de inmediato: Lo hago después. Me quedo en la cama. Lo hago mañana. Dejo que mi cuerpo descanse.
Y entonces llega mañana, y sigo pensando que lo haré al día siguiente.
Miro mi cuerpo y pienso: si pudiera hacer ejercicio con constancia, las cosas cambiarían.
Pero ¿qué estoy haciendo en realidad para que ese cambio suceda?
Ese es el momento. Cuando intento romper un hábito, mi cuerpo le envía señales a mi mente: Empieza mañana. Está lloviendo. Estás cansada. Mereces descansar un poco más.
Y cada excusa me lleva de vuelta al mismo lugar familiar.
Pero hoy tomo la decisión consciente de ir en contra de ese patrón familiar.
Me levanto. Me muevo. Lo hago.
Doy un paso adelante cuando mi corazón domina mi mente y mi cuerpo.
Elijo no dejar que mis pensamientos familiares dicten mis acciones — aunque mi cuerpo quiera quedarse donde está.
Porque el cambio empieza cuando estoy dispuesta a vivir algo diferente, aunque se sienta incómodo.
Cuando abrazo algo que no me es familiar, empiezo a crear una experiencia nueva. Ya no tengo que predecir mi futuro desde mi pasado. Puedo crearlo desde lo desconocido.
Puedo enseñarme respuestas emocionales nuevas. Con atención e intención, puedo practicar sentir lo que quiero vivir hasta que esos sentimientos se vuelvan más familiares. Y a medida que mis sentimientos, mis pensamientos y mis comportamientos empiezan a cambiar, mis decisiones y mi vida pueden cambiar con ellos.
Causa y efecto.
Si empiezo a verme completa, digna y abierta a recibir, tal vez empiece a reconocer oportunidades que antes no podía ver. Una vida de posibilidades infinitas: un trabajo nuevo, amor, dinero, experiencias nuevas y oportunidades que ni siquiera he imaginado todavía.
Mis pensamientos y mis emociones influyen en mi cuerpo. Mi cerebro y mi cuerpo no son experiencias separadas. Cuando mis pensamientos, mis emociones y mis acciones están peleando constantemente entre sí, todo se siente como estrés.
Y reconozco este patrón también en mis relaciones.
Si conecto a una persona con una emoción negativa, esa persona puede convertirse en una amenaza en mi mente. Si conecto un lugar con el miedo, dejo de ir. Si conecto mi vida con un problema en la oficina, en la casa, en todas partes — empiezo a ver esos lugares a través de la experiencia que asocio con ellos.
Y me digo que puedo tolerarlo.
Está bien.
Pero ¿lo está?
A veces no está bien. Simplemente es familiar.
Quiero conocer gente nueva. Quiero la oportunidad de ir a lugares, vivir la vida y descubrir cosas que todavía no he vivido.
Pero tengo miedo de salir de lo que conozco. Así que me quedo donde me siento segura, aunque no sea feliz donde estoy.
¿De qué me estoy protegiendo? ¿Y qué me estoy perdiendo por quedarme ahí?
En el momento presente, otra cosa es posible.
En el momento creador, olvido el cuerpo, el lugar, el tiempo. Estoy haciendo lo que amo, viviendo como quiero vivir. Ya no estoy ensayando el ayer ni preocupándome por el mañana. Simplemente estoy creando.
Y eso es lo que pasa cuando me siento a trabajar en TodayWaves, cuando pinto, imagino, exploro una idea o dejo que mi creatividad me lleve a un lugar al que no planeaba ir.
Me desconecto del ruido familiar. Me permito ser yo — presente, inspirada, curiosa y libre.
Para cambiar mi identidad, tengo que romper el círculo: de ser alguien, a no ser nadie, a serlo todo.
Y no quiero cambiar mi pasado porque lo odie. Mi pasado me trajo a la persona que soy hoy. Cada experiencia, incluso las dolorosas, se convirtió en parte de mi camino.
Y cuando miro hacia atrás con gratitud — sin resentimiento, solo gratitud — ya estoy cambiando mi relación con el pasado.
Gratitud. Amor. Fe. Libertad. Inspiración.
No son solo palabras. Son sentimientos que puedo practicar, decisiones que puedo tomar y energía que puedo llevar al mundo.
De una partícula a una ola. Entre más profunda la emoción, más grande la ola.
Pero hay algo más que estoy empezando a entender.
Quiero sentir amor.
Sin embargo, si sigo recordando experiencias dolorosas del pasado, estoy cargando esos recuerdos con las dos manos. Vuelvo a ellos, los protejo y a veces dejo que determinen lo que espero de la próxima persona.
Y me pregunto por qué no hay espacio para un amor nuevo.
¿Cómo puedo recibir algo nuevo cuando sigo aferrándome tan fuerte a algo viejo?
No tengo espacio para flores nuevas cuando mis manos están llenas de las que ya se marchitaron.
Cuando por fin las suelto, tengo espacio para que llegue algo nuevo.
Si mis manos están llenas de lo que ya me hirió, no puedo recoger las flores.
Así que hoy estoy practicando un sentimiento nuevo hasta que se vuelva familiar.
Estoy abriendo mi corazón. Estoy agradecida. Me estoy permitiendo sentir la plenitud otra vez. Estoy dejando que mi cuerpo aprenda cómo se sienten la paz, el amor y la libertad — para poder reconocerlos, darles la bienvenida y elegir experiencias que los apoyen, en vez de volver a lo que duele.
Tengo las herramientas para crear una vida diferente. Me estoy familiarizando con mis propios comportamientos, mis patrones emocionales y los pensamientos que me mantienen conectada con el pasado.
Y los sentimientos que practico influyen en las decisiones que tomo y en la vida que construyo.
Quizás la Ola 70 es sobre vaciar mis manos de lo que ya me hirió, para por fin tener espacio para recibir lo que digo que quiero.
¿Y tú? ¿Qué sigues sosteniendo con las dos manos — y qué flores podrías recoger si lo soltaras?
— TodayWaves
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