Conocer gente nueva muchas veces revela algo más profundo que la conexión: nos revela a nosotros mismos. Lo que crea tensión, lo que se siente natural, lo que se alinea… y lo que seguimos tratando de forzar.
Conocer gente nueva es algo curioso.
Al principio creemos que simplemente estamos conociendo a otra persona.
Pero si prestamos atención, puede que descubramos algo aún más valioso.
Empezamos a notarnos a nosotros mismos.
No en los grandes momentos.
Sino en los pequeños.
Una conversación.
Un gesto.
Una decisión.
Hasta en el silencio.
Algunas llegan suavecito, casi sin que se noten.
Otras llegan con fuerza suficiente para dejar huella.
Con el tiempo empezamos a reconocer las distintas corrientes.
Las que crean tensión.
Las que se sienten naturales.
Las que se alinean con quienes somos.
Y las que seguimos tratando de forzar a contracorriente.
La vida tiene una forma silenciosa de pulirnos, como las olas que se encuentran con la orilla.
Con el tiempo, las olas moldean la costa sin pedir permiso.
Las personas hacen lo mismo.
Cada persona que entra a nuestra vida deja algo atrás.
Aprendemos de ellas, pero lo más importante es que aprendemos de nosotros mismos.
Lo que antes parecía pequeño se vuelve más claro con el tiempo.
Una conversación.
Un silencio.
Una reacción.
Empiezan a revelar patrones que antes no podíamos ver.
Empezamos a entender la diferencia entre lo que fluye…
y lo que tenemos que sostener a la fuerza todo el tiempo.
No todo lo que entra a nuestra vida está hecho para alinearse con nosotros.
Algunas personas se mueven con nosotros como la corriente.
Otras nos piden convertirnos en alguien que no somos.
Cuando somos jóvenes, muchas veces creemos que si suficientes cosas se sienten bien, podemos pasar por alto las que no.
Nos adaptamos.
Justificamos.
Esperamos que, de alguna forma, las piezas encajen.
Pero la vida tiene una forma de enseñarnos que la alineación no es algo que creamos forzándolo.
Es algo que reconocemos.
No solo en las personas que amamos, sino en las amistades que elegimos, en las conversaciones que tenemos, en los lugares donde nos sentimos en casa y en la energía que dejamos entrar a nuestra vida.
Quizás esa conciencia no es simplemente volvernos más selectivos.
Es volvernos más honestos.
Honestos sobre lo que nos ayuda a crecer.
Lo que nos da paz.
Lo que saca lo mejor de nosotros.
Y lo suficientemente honestos para soltar lo que ya no necesitamos cargar solo porque lo hemos cargado por tanto tiempo.
Si algo no se alinea con nuestros valores, nuestra paz o la persona en la que nos estamos convirtiendo, está bien soltarlo.
Quizás la Ola 44 se trata de esto: descubrir, a través de cada conexión, lo que la corriente revela sobre la persona en la que te estás convirtiendo.
—TodayWaves 🌊
Una ola para llevar contigo:
¿Y tú?
¿Estás conectando con las personas que se alinean contigo…
o te estás ajustando tú para alinearte con ellas?
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