Una reflexión sobre la vulnerabilidad, la fortaleza y el valor silencioso que se necesita para dejar de cargarlo todo solos. A veces lo que llamamos debilidad es en realidad el comienzo de la comprensión, el apoyo y la verdad con nosotros mismos.
Esta mañana, durante un estudio de un libro, hablábamos de la vulnerabilidad.
Mientras la conversación avanzaba, me quedé reflexionando en lo mucho que tratamos de ser la fuerte. La que lo sostiene todo. Aquella de la que otros dependen. La que carga las responsabilidades, resuelve los problemas y de alguna forma sigue adelante.
Por mucho tiempo creí que ser fuerte era cargar con todo sola.
La casa, el trabajo, las finanzas, las relaciones. Las responsabilidades interminables de la vida diaria.
De alguna forma en el camino, me convencí de que así se veía la fortaleza.
Y sé que no soy la única.
Muchos aprendemos que mostrar debilidad es peligroso. Nos preocupa que si nos ven luchando, piensen menos de nosotros.
Tememos que admitir que estamos cansados nos haga ver incapaces. O que la imagen que tanto nos costó mantener empiece a agrietarse.
Entonces cargamos más…
Y cuando las cosas se ponen pesadas, cargamos aún más.
Pero esta mañana entendí algo.
¿Y si la vulnerabilidad no es la debilidad que siempre creímos? Quizás es el valor escondido detrás del miedo.
Cuando por fin hablamos de lo que nos pesa, lo sacamos de las sombras y lo ponemos donde podemos verlo. Ya sea conversando con una amiga, una pareja, un mentor de confianza, orando, meditando o simplemente sentándonos en silencio con nosotros mismos, algo empieza a cambiar.
La situación puede que no cambie de inmediato, pero nuestra perspectiva muchas veces sí.
A veces lo que descubrimos es que no estamos cansados de lo que hacemos.
Estamos cansados de cargarlo solos.
Hay una diferencia.
Cuando nos permitimos ser vulnerables, abrimos espacio para el apoyo, la comprensión, la compasión e incluso soluciones que antes no podíamos ver.
Nunca fuimos hechos para cargar cada peso solos.
La vulnerabilidad también tiene una forma de devolvernos a la gratitud.
Cuando nos detenemos lo suficiente para reconocer lo que sentimos y compartir lo que cargamos, muchas veces empezamos a ver las cosas distinto. Notamos a las personas que han estado a nuestro lado. Reconocemos el amor escondido dentro de las responsabilidades que a veces nos pesan. Vemos lecciones donde antes solo veíamos luchas.
La carga puede seguir ahí, pero la gratitud nos ayuda a cargarla con el corazón más liviano.
Nos recuerda lo que tenemos, a quiénes tenemos y lo lejos que ya hemos llegado. Nos ayuda a apreciar el apoyo, el crecimiento e incluso los retos que nos han convertido en quienes somos hoy.
Todos tenemos cruces que cargar; algunas son pequeñas. Algunas son pesadas. De algunas hablamos abiertamente…
Otras se esconden detrás de una sonrisa y las palabras “estoy bien”.
Ser vulnerable no les da poder a nuestras luchas. Les quita el poder que tienen sobre nosotros.
Quizás la Ola 41 se trata de esto: entender que la vulnerabilidad nos devuelve nuestro poder. La fortaleza de ser nosotros mismos, con el apoyo de quienes nos aman.
—TodayWaves 🌊
Una ola para llevar contigo:
¿Sigues tratando de ser la fuerte que lo carga todo sola? ¿O ya estás lista para dejar que te sostengan también?
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