A veces el amor se ve como un lienzo pintado, una cobija nueva y un cuarto esperando en la mañana. Las cositas que hacemos por las personas que amamos pueden parecer pequeñas, pero pueden llevar más amor del que las palabras jamás podrían.
El viernes, mi hija empezó a decirme que quería cambiar su cuarto.
Ella está cambiando, y supongo que su cuarto tiene que cambiar con ella.
Me mostró fotos de lo que se estaba imaginando: más adolescente, más Gossip Girl, chic, un poco neoyorquina, un espacio que se sintiera más como la niña en la que se está convirtiendo.
Mientras me mostraba su visión, algo pasó en mi cabeza.
Mi cerebro creativo empezó a trabajar… Me acordé de unos lienzos que tenía guardados.
Empecé a pensar en la pintura que ya tenía, busqué imágenes, imprimí cosas, empecé a sacar todo, mirando lo que podía crear y cómo podía convertir sus ideas en algo que se sintiera como ella.
Y entonces, porque al parecer no sé cómo parar una vez que mi cerebro creativo se enciende, pedí sábanas nuevas y una cobijita que llegaran al día siguiente.
Quería sorprenderla.
No porque el cuarto tuviera que quedar perfecto, sino porque me encantan esas cositas de niña que la hacen feliz.
Me encanta ver cómo se le ilumina la cara.
Me encanta verla emocionarse con algo que se imaginó y después verlo volverse realidad.
Lo mejor fue saber que la noche anterior, ella estaba soñando con cómo podía verse su cuarto. Ella estaba soñando con su cuarto mientras yo soñaba con su cara cuando lo viera.
Y a la mañana siguiente, se despertó en el cuarto con el que había estado soñando.
Su visión, su pequeño espacio, un poco más grande, un poco más ella.
Y yo me quedé ahí mirándola, sorprendida y más feliz que ella, porque hay algo en ser mamá que hace que las cosas más pequeñas se sientan enormes.
A veces no son las grandes celebraciones, no son los regalos caros, no son esos momentos que todos fotografían.
A veces es buscar la imagen perfecta porque sabes que a tu hija le va a encantar, es sacar un lienzo viejo del clóset porque de repente sabes qué puedes hacer con él.
Es trasnochar pintando carteleras, colgando fotos y pidiendo sábanas porque quieres que se despierte sorprendida, es hacer todo eso porque, de alguna manera, cuando ella sueña algo, quieres que crea que puede volverse posible.
Es reorganizar un cuarto porque ella está cambiando y quieres que su espacio crezca con ella.
Son todas esas cositas que quizás nunca se den cuenta de que hiciste.
Las cosas que creamos, organizamos, buscamos, compramos, pintamos, movemos y reorganizamos, no porque tengamos que hacerlo, sino porque su felicidad de alguna manera se vuelve la nuestra.
Nuestros hijos están constantemente volviéndose alguien nuevo y a veces nos toca ser parte de ayudarles a crear los pequeños espacios donde esa nueva versión de ellos puede crecer.
Sé que su cuarto va a seguir cambiando, su estilo va a cambiar, sus ideas van a cambiar.
Va a seguir descubriendo qué le gusta, quién es y en quién quiere convertirse y un día, quizás mire estas fotos y no vea más que un cuarto viejo.
Pero espero que en algún lugar de esos recuerdos, recuerde también otra cosa; que su mamá vio su sueño y quiso volverlo realidad. Porque esa es una de las formas más silenciosas de decir te amo.
No siempre con palabras.
A veces con un lienzo pintado, una cobija nueva, un cuarto esperándola en la mañana y el corazón de una mamá sonriendo en silencio porque su niña está feliz.
Quizás la Ola 57 se trata de las cositas que hacemos por las personas que amamos, cosas que desde afuera pueden parecer pequeñas, pero que llevan tanto amor adentro.
—TodayWaves 🌊
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